
Sensatez en el horizonte
es un artículo del juez español Joaquín Navarro Estevan publicado en DEIA el 29 de septiembre de 2002.
Sensatez en el horizonte Joaquín Navarro Estevan
En medio del festival difamatorio contra el Gobierno y el Parlamento vasco porque han defendido su integridad competencial y su dignidad institucional frente a resoluciones rabulísticas y esperpénticas de Garzón, solicitando que el Tribunal Supremo examine su conducta por si fuese constitutiva de prevaricación (es difícil aceptar que ignorase el desafuero que estaba perpetrando de forma reiterada y groseramente evidente), Rodríguez Zapatero sale diciendo que es necesario establecer unas nuevas relaciones con las instituciones vascas. Querrá decir ‘‘unas relaciones’’. Hasta ahora, desde hace años, la actitud de los españolistas peperos y pesoístas ha sido ignorar o afrentar al Gobierno y al Parlamento vasco.
El pacto antiterrorista fue lo dijo incansablemente Mayor un acuerdo de dos PP y PSOE contra el nacionalismo vasco. La Ley de Partidos es un engendro antijurídico contra el nacionalismo vasco, sin matices ni apellidos. Las actuaciones del juez de cámara están siempre encaminadas contra el nacionalismo vasco. Aznar defiende dentro del Partido Popular Europeo que las fronteras estatales sean inalterables. Ni nuevas naciones ni regiones más allá de las fronteras de un Estado nacional. Éste es el principio que viene defendiendo en la UE, por el que seguirá combatiendo, como buen defensor de la patria única e indivisible, hasta la última gota de sangre, como se decía por los mejores patriotas y los duelistas de amor.
Rodríguez Zapatero se refiere a unas relaciones, a un tipo de relación que no sea la agresión y el ninguneo. Bienvenido sea al sentido común. Pero esta sola actitud, sin especificación alguna, le ha valido ya la bronca de Arenas. ¿A qué tipo de relación se refiere? ¿Acaso ha olvidado ya el pacto antiterrorista? ¿Está dispuesto a renunciar a la bandera española antes que a Satanás, sus pompas y sus obras? El PP está convencido de que, entre el pacto de dos y la Ley de Partidos tiene inmovilizado y cautivo al PSOE. De hecho, nada ha cambiado después de la marcha de Redondo Terreros y su sustitución por Patxi López. Parecía una crisis política seria que conllevaría, entre otras cosas, la recuperación de las viejas relaciones de lealtad y cooperación del socialismo vasco con el nacionalismo.
No ha sido así. Lejos de ello, los socialistas vascos han jaleado los espectáculos más repugnantes de la Ley de Partidos, aplaudido gozosamente la rabulística garzonita y reprobado la decisión de la querella contra el Caupolicán judicial. Lejos de ello, el PSOE continúa en su seguidismo, como en tiempos de Mayor, y no se entiende bien lo que dice cuando dice que está totalmente de acuerdo con la política antiterrorista de Aznar. ¿También con el "entorno" de esa política, en el que se incluye, una y otra vez a PNV y EA?
Bienvenido sea, sin embargo, la iniciativatodavía incógnita de Rodríguez Zapatero. Lo que no termina de entenderse es la actitud de IU en Madrid respecto a Javier Madrazo, uno de los políticos más honestos, inteligentes y valientes de la escena carpetovetónica. Al parecer, el viejo y retrógrado centralismo del PCE, alejado desdeñosamente por Julio Anguita, ha vuelto al escenario. Cuando Madrazo y los suyos están consiguiendo un cierto equilibrio entre exasperaciones nacionalistas de uno y otro signo, entablando una relación de comprensión y respeto recíproco con el nacionalismo vasco, algunos dinosaurios peceros se alzan contra esa colaboración y, súbitamente, aplauden al gran Garzón abandonando con ello cualquier respeto por los derechos humanos.
Menos mal que siempre existen algunos hombres justos. Francisco Rubio Llorente analiza con objetividad el contencioso de Garzón contra Euskadi y concluye afirmando que el juez se extralimitó y que ‘‘la fascinación por el derecho penal’’ que se tiene en Celtiberia ha conducido a muchos a apoyar esa extralimitación. Lo dice muy bien Rubio Llorente. Dice algo tan elemental para algunos unos pocos como que sólo el Tribunal Constitucional podría prohibir un partido político. Pero añade algo tan conmovedor como la necesidad de que don Garzón se ‘‘autolimite’’.
Es como pedir esturiones a la Laguna Negra o naranjas a un olivo o pomelos a una encina. Es probable que don Garzón interprete que Rubio le pide que ‘‘se limite por auto’’. Y por autos que no quede. Un viejo profesor de Derecho Natural solía preguntar irónicamente a sus alumnos más ignorantes: ‘‘¿Quién fue antes, Aristóteles o Jesucristo?’’. Era la señal del cate. Es una pena que el profesor en cuestión haya fallecido y no pueda formularle la pregunta a don Garzón.
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